Cuando limpies los cristales de las puertas correderas, comienza la limpieza bajando el cristal unos centímetros, para poder limpiar también la parte del cristal que normalmente queda cubierta por la junta cuando el cristal está completamente cerrado. Acuérdate de limpiar cuidadosamente los retrovisores: evitarás molestos reflejos durante la conducción y eliminarás fácilmente los últimos restos de agua que queden después del lavado.